En
este punto ya hemos comprendido el papel que tiene la estética en la publicidad
y por ende en el consumismo, pero no se ha dialogado concretamente sobre los
orígenes de esto y su verdadero impacto antropológico más que económico.
Ahora
bien, debemos preguntarnos directamente al empezar ¿a que somos sensibles hoy
en día? ¿Como ha cambiado nuestra perspectiva de estética? ¿Que es lo que
buscamos con tanto esmero hoy en día? y la respuesta es nada mas y nada menos
que todo lo relacionado al índole sexual, esto se debe a que nos encontramos
viviendo en un mundo sexualizado en el cual todos y cada uno de nosotros tanto
en nuestra forma física como idealizada somos objetos sexuales, nos sostenemos
en prototipos cuasi griegos, en los que los varones deben ser auténticas odas
al abdominal cincelado, y las mujeres son forzadas a ser Afroditas luchando
contra la ley de la gravedad, generándose el ideal de que lo bello, hermoso o
agradable debe ser también sexualmente atractivo y viceversa.
Partiendo
de este nuevo concepto de estética actual, podemos comenzar a entender el
porque se nos hace tan atractiva la publicidad actual, esta capta nuestro
interés a un nivel tan alto que casi nos obliga a comprar dicho producto, y es
que como animales nos es imposible negar nuestros instintos, poseemos instintos
sexuales que no podemos olvidar pero como seres racionales tratamos de llevar
estos a un contexto mas acorde a la moral religiosa generalmente aceptada, pero
desde que se da la sexualización de nuestra sociedad no tiene sentido mantener
dicha moral.
Los
seres humanos se acercan a parecerse cada vez mas a un súcubo que busca no
solos satisfacer sus apetitos sexuales sino jactarse en ellos lo mas que le sea
posible, según estudios recientes el ser humano promedio piensa unas 40 veces
por minuto en sexo, pero la realidad es que en sus subconsciente el sexo es
omnipresente, no se puede evitar ver cualquier objeto con el que se interactué
como sexual, por ejemplo nos es mostrado un producto de limpieza al lado de una
estéticamente agradable mujer que se encarga de ser el medio sexualizador para
dicho producto, enfocando toda la atención y asegurando así una correcta
distribución del mensaje, sin saber porque y sin siquiera notarlo sentimos
deseos sexuales hacia dicho producto de limpieza, y nos motivamos a comprar, no
comprar por necesidad sino por deseo.
Pero
es de mucha importancia no confundir sexismo con sexualidad, el sexismo viene
del paradigma de la prohibición, desde niños se nos educa con la moral
religiosa la cual predica que el sexo es malo, la atracción sexual es mala, el
sexo debe aberrarse no ser placentero, etc. un error mayúsculo, ya que el ser
humano es un ser de naturaleza maligna y tiende a sentirse atraído por lo que
le es prohibido u ocultado y si a lo anterior agregamos el despertar sexual
generado por los medios de comunicación a temprana edad obtenemos como
resultado una sociedad sexista.
Obviamente
se ha tomado ventaja económica de este cambio, y desde los orígenes de la
cultura pop en los años 60 hasta el día de hoy no se han parado de vender y
vender objetos usando la lujuria como publicidad. La clave para no caer en el
consumismo contrario a lo que muchos piensan no reside en la abstención de
compra, ni en suplir necesidades, si se
quiere evitar caer presa del salvaje consumismo basta simplemente con
desarrollar autocontrol, si somos capaces de controlar nuestros instintos
sexuales seremos capaces de decir no a los productos que nos son ofrecidos.
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