En
un pueblo como cualquier otro hacía su vida un granjero, dedicaba días enteros
a cuidar y producir de sus tierras de las cuales vivía. Una tarde mientras
descansaba y disfrutaba de su hobbie favorito, observar a las personas pasar
por los alrededores de sus propiedades, notó a un extraño hombre que sembraba
con sus propias manos unas cuantas semillas en el fértil terreno, vestía de
negro y su cabeza la cubría una capucha, el campesino no le dio mucha
importancia al suceso y para él fue un día como cualquier otro.
Al
pasar los días, las semillas que plantó
el misterioso hombre ya habían germinado y dado a luz unas hermosas flores y
como de costumbre el granjero miraba el transcurrir del tiempo, divisó como el
encapuchado sacó un pequeño cuchillo y cortó una a una las bellas flores que
con tanto esfuerzo habían crecido, el observador quedó atónito ante la anormal
conducta. Fue así como semana tras semana ocurría lo mismo, las flores crecían
a una alta velocidad y el hombre las cortaba.
Un
día el labriego decidió acercarse al extraño y cuestionarlo sobre su peculiar
rutina,
– Se
nota que no sabe nada de agricultura amigo mío, le dijo, si corta las flores
cuando empiezan a germinar y planta semillas encima no obtendrá nada, solo esta
desperdiciando su tiempo y dinero. El hombre así le contesto
– Descuide,
me gusta dar vida y también quitarla.
Diciendo
esto colocó las flores ya cortadas y muertas en una pequeña bolsa que llevaba
consigo y se alejó lentamente en la oscuridad del atardecer.
Más
tarde, esa noche, el granjero en su casa fue victima de la curiosidad,
– ¿Que hará ese hombre con las
flores muertas? ¿Estará loco?, se preguntaba, seguro oculta algo mas y debo
descubrirlo!.
La
semana siguiente, cuando el encapuchado terminaba su anormal ritual, el
campesino decidió seguirlo hasta su
hogar y fue así como se adentró a lo más profundo del bosque en medio de la
noche sin perder de vista ni un segundo al hombre, caminó tanto que perdió la
noción del tiempo y cayó desmayado junto a un árbol, mientras sus ojos se
cerraban lentamente seguía viendo al hombre alejarse con lentamente, cayendo inconsciente.
A la
mañana siguiente el labriego despierta en brazos de quien estuvo detrás esa misma
noche, el extraño saca una pequeña botella de su bolsa y le ofrece un trago
luego lo ayuda a pararse.
–
Debería tener mas cuidado al entrar al bosque tan tarde, le dijo, la próxima vez lleve una lámpara y provisiones
si no quiere terminar desmayado de nuevo, el hombre se da media vuelta y se
aleja, el campesino vuelve a su hogar consternado por lo ocurrido y se acuesta
a dormir un rato.
Al levantarse
de la cama el agricultor siente una fuerza en su cuerpo que no recordaba desde
su juventud, aprovechando esto empieza con sus labores diarias y al terminarlas
y observar el reloj nota que gastó una tercera parte del tiempo que le tomaba
realizarlas antes, emocionado se lanza a dar un paseo en bicicleta por la villa
y al volver a su hogar en la noche no
siente cansancio alguno.
La
repentina vitalidad del hombre de campo lo hace sospechar y llega a la
conclusión de que fue el líquido que bebió del encapuchado al despertar lo que
le dio tanta energía.
– No importa que contenga esa
botella, si la obtengo podría vender la formula y ganar una fortuna fácilmente,
al fin la suerte me sonríe!!, pensaba.
Planea
su siguiente jugada y espera pacientemente la próxima visita del extraño para robarle su
pócima secreta.
Como
era de esperar el extraño apareció para cortar las flores y plantar nuevas
semillas, en eso se acerca el campesino y lo aborda rápidamente decidido a
obtener lo que buscaba.
– Se
que lo que bebí esa mañana de tu botella no es algo normal en este mundo, ¡me
dio tanta energía como nunca había sentido!, vayamos al grano, te propongo que
vendamos la formula y disfrutemos de las montañas de oro que nos esperan.
Serenamente
el encapuchado respondió:
– No gracias, no me
importa en lo absoluto el dinero.
El granjero encolerizado le grito – ¡No seas idiota! seremos tan ricos
como nunca nadie imaginó.
– No, jamás obtendrás una
gota más, la avaricia ha destruido tu alma. Airado hasta más no poder, el
labriego intentó tomar la botella por la fuerza golpeando al hombre.
Calmadamente
el extraño encapuchado saca el diminuto cuchillo que usaba para cortar las
flores lo transforma en una larga y maligna hoz, sin esfuerzo alguno asesina al
campesino en un instante. Se acerca a su cadáver y le dice:
– No has hecho más que
apresurar tu muerte, desde el momento en que bebiste esta agua tu destino se ha
sellado, ahora el ciclo de la vida esta completo.
Mirando
al sol suspira, y dice:
–Tontos humanos, no se les
puede dar a probar un poco de la eternidad porque jamás entenderán el verdadero
significado de la vida. Levanta la botella y la acerca a su huesudo rostro,
toma un gran trago y continúa su camino.
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